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El reloj de la almohada: ¿Qué revela la ciencia sobre el tiempo que tardamos en dormir?

Quedarse dormido en menos de 8 minutos podría ser señal de una deuda de sueño severa o narcolepsia.

Publicado:

Juan Manuel Arias Montenegro

Por: Juan Manuel Arias Montenegro

Creativo Digital

Latencia del sueño
El consumo de alcohol y el "efecto de la primera noche" son variables que alteran la latencia normal del sueño - crédito Canva

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Para muchos, apoyar la cabeza en la almohada y quedar profundamente dormidos en cuestión de segundos es un motivo de orgullo. Para otros, el inicio de la noche marca una batalla de horas mirando el techo; sin embargo, la ciencia advierte que los extremos en este proceso, conocido técnicamente como latencia del sueño, pueden ser señales de alerta sobre nuestra salud física y mental.

En un mundo donde casi un tercio de la población adulta no logra cumplir con las 7 a 9 horas de descanso recomendadas, entender la latencia se ha vuelto crucial para descifrar la calidad de nuestra vida.

¿Qué es la latencia del sueño?

La latencia del sueño se define como el intervalo exacto que transcurre desde el momento en que se apagan las luces con la intención de dormir hasta que se alcanza la primera fase del sueño. Según los Institutos Nacionales de Salud (NIH), este indicador es una ventana directa a la somnolencia general de una persona.

En adultos sanos, el promedio normal de latencia se sitúa entre los 10 y 20 minutos. Si usted se encuentra en este rango, su cuerpo está realizando una transición saludable; no obstante, desviarse de estas cifras tiene lecturas médicas importantes:

  • Menos de 8 minutos: Contrario a lo que se cree, quedarse dormido "al instante" no siempre es señal de buena salud. Suele indicar una deuda de sueño acumulada o trastornos como la narcolepsia.
  • Más de 20 minutos: Tardar demasiado en conciliar el sueño es el síntoma principal del insomnio o de trastornos de ansiedad que dificultan la desconexión cerebral.

Los factores que alteran el inicio del descanso

La psicóloga Michelle Drerup, de la Cleveland Clinic, enfatiza que "cada persona es diferente", pero advierte que ciertos factores externos pueden disparar o acortar estos tiempos de forma artificial.

Uno de los fenómenos más comunes es el "efecto de la primera noche", esa dificultad para dormir que experimentamos en hoteles o lugares desconocidos; asimismo, el consumo de alcohol, que aunque induce el sueño rápido, empeora su calidad, el dolor crónico, ciertos medicamentos y la edad son variables determinantes.

Incluso las siestas diarias juegan un rol: dormir más de lo habitual durante la tarde puede prolongar la latencia nocturna al reducir la "presión de sueño" acumulada durante el día.

La trampa de la "deuda de sueño"

La latencia está íntimamente ligada a la deuda de sueño, que es la diferencia entre las horas que necesitamos y las que realmente dormimos. El doctor Joaquín Diez, especialista en medicina del sueño, explica que existe un mito peligroso: creer que dormir más el fin de semana compensa la falta de descanso semanal.

"El sueño que se pierde no se recupera. Dormir más los fines de semana puede aliviar algunos síntomas de fatiga, pero tiene un impacto mucho menor que un descanso constante", señala el experto.

Una latencia extremadamente corta es, a menudo, el grito de auxilio de un cerebro agotado por una deuda crónica que afecta la memoria, el sistema inmune y la regulación emocional.

Eficiencia y diagnóstico: Más allá de la almohada

Los profesionales utilizan la latencia para calcular la eficiencia del sueño, que es el porcentaje de tiempo que realmente pasamos durmiendo mientras estamos en la cama.

Una eficiencia óptima debe ser de al menos el 85%. Cuando la latencia aumenta, este porcentaje cae, impidiendo que el cuerpo complete los ciclos REM, esenciales para el aprendizaje.

Para quienes sospechan de un trastorno, existen pruebas clínicas como el Test de Latencia Múltiple del Sueño (MSLT), que mide la rapidez con la que una persona se duerme en varias oportunidades durante el día.

La recomendación de los expertos es clara: si ha notado un cambio drástico en el tiempo que tarda en dormirse, no lo ignore. Su almohada podría estar intentando decirle algo sobre su salud que usted aún no ha detectado.

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