
Colombia
De acuerdo con recientes investigaciones, los primeros años son vitales para la formación de los sistemas neurológico, digestivo y pulmonar del menor.
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Por: Juan Manuel Arias Montenegro
Creativo Digital

Durante décadas, la salud de un niño se ha medido bajo una premisa simplista: si el peso y la estatura están en los rangos promedio, el desarrollo es exitoso; sin embargo, los avances presentados en la 13ª Conferencia Internacional sobre Nutrición y Crecimiento (N&G), y las recientes revelaciones del Dr. Óscar Quintero, gastroenterólogo y nutriólogo pediatra de Abbott, plantean un cambio radical.
Hoy, la ciencia médica no habla de "cuánto" crece un niño, sino de "cómo" lo hace, por lo que el concepto de "crecimiento de calidad" se posiciona como la piedra angular para prevenir enfermedades crónicas en la adultez.
El crecimiento de calidad se define como un desarrollo proporcional que garantiza una composición corporal adecuada. Esto significa que no basta con que un niño aumente de tamaño; es fundamental que desarrolle una estructura ósea sólida y una masa muscular magra saludable, manteniendo un equilibrio con la grasa corporal.
Al respecto, el Dr. Quintero explicó en entrevista exclusiva con Radio Tiempo que la percepción cultural del niño "gordito y popocho" como sinónimo de salud es uno de los mitos más peligrosos: "Un niño puede verse saludable por su volumen, pero estar malnutrido si su cuerpo no tiene los nutrientes necesarios para formar tejidos funcionales".
Y esta, según Quintero, es la razón por la que la malnutrición ya no se mide solo en la balanza, sino en la calidad de los tejidos que se están construyendo.

La nutrición infantil no es solo una fuente de energía para las actividades diarias, como ocurre en los adultos. En los niños, la alimentación es la materia prima para la formación de órganos y sistemas, por lo que el doctor Quintero advirtió sobre las "ventanas de desarrollo":
Si durante estos periodos críticos el niño recibe una nutrición deficiente, las consecuencias no se verán solo en su infancia, sino que marcarán su vejez: "Cuando tienes un adulto con diabetes, hipertensión u osteoporosis a los 40 años, es porque no se hicieron bien las cosas cuando se tenía la oportunidad", sentencia Quintero.
Por ejemplo, la densidad ósea que protegerá a una persona de fracturas en la tercera edad se acumula casi en su totalidad durante las dos primeras décadas de la vida.
La malnutrición en Colombia sigue siendo un desafío alarmante, pues con cerca de 560,000 niños menores de cinco años afectados por el retraso en el crecimiento. Los datos presentados por Abbott en la conferencia N&G muestran que abordar este problema con soluciones nutricionales orales y asesoría profesional genera beneficios que trascienden la salud individual:

El doctor Quintero enfatizó que el crecimiento de calidad no depende exclusivamente de la comida, dado que la salud infantil es un trípode que se sostiene sobre tres hábitos fundamentales:
En la entrevista, el doctor Quintero también abordó las creencias populares, pues desmitificó que ciertos alimentos produzcan "bichos" o infecciones por sí solos, atribuyendo estas ideas a mitos culturales; sin embargo, fue enfático en el peligro de la rutina.
"El problema no es una gaseosa puntual o un paquete de papas un día; el problema es que se convierta en el hábito diario de la lonchera escolar", advirtió.
Las loncheras ultraprocesadas son prácticas para los padres con poco tiempo, pero si se vuelven la norma, condicionan el paladar del niño. Si un niño no se acostumbra a los excesos de azúcar desde pequeño, simplemente no los necesitará ni los buscará en su vida adulta.

La transición hacia un sistema de salud preventivo comienza en el hogar y en la consulta pediátrica: "Es mucho más difícil, costoso y complejo recuperar la salud que cuidarla", afirmó el doctor, por lo que la nueva definición de crecimiento de calidad busca que padres y médicos dejen de mirar solo la estatura y comiencen a observar la integridad del desarrollo infantil.
Por tal motivo, la ciencia hoy es clara: la salud del adulto no es un azar del destino, sino una construcción que se inicia desde el primer día de vida. Asegurar que los niños crezcan con calidad es, en última instancia, asegurar una sociedad más fuerte, productiva y sana.