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Por qué nos duele tanto terminar una relación y cómo superarlo

La ciencia ha demostrado que el sufrimiento tras una ruptura es real, pero también que el cuerpo y la mente tienen herramientas para sanar.

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Valeria Pejendino

Por: Valeria Pejendino

Creativa Digital

El duelo amoroso implica despedirse no solo de una persona, sino de los planes a futuro y la estructura cotidiana que sostenía la estabilidad emocional. - Créditos Getty Images
El duelo amoroso implica despedirse no solo de una persona, sino de los planes a futuro y la estructura cotidiana que sostenía la estabilidad emocional. - Créditos Getty Images

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Terminar una relación amorosa es mucho más que estar triste; es una experiencia que sacude todo nuestro cuerpo. La ciencia ha demostrado que una ruptura activa respuestas complejas en nuestro sistema nervioso y en nuestras hormonas. No es “solo algo mental”, pues el impacto físico es real y se siente como una herida verdadera.

Entender qué pasa en nuestro cerebro es el primer paso para dejar de sentirnos culpables por el sufrimiento y empezar a sanar.

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El cerebro y el dolor: ¿por qué se siente como un golpe?

Cuando alguien nos deja, nuestro cerebro reacciona de la misma forma que si nos hubiéramos dado un golpe físico o sufrido una quemadura.

Estudios científicos han confirmado que el rechazo social activa las mismas zonas del cerebro que se encienden cuando sentimos dolor en el cuerpo.

Por eso, cuando dices que “te duele el corazón”, no es una exageración; para tu cerebro, el dolor emocional es igual de real que una lesión física.

Además, el amor funciona de forma parecida a una adicción; mientras estamos con alguien, el cerebro produce sustancias que nos dan placer y calma, como la dopamina, pero cuando la relación se corta de golpe, el cerebro sufre una especie de “abstinencia”.
Esto explica por qué sentimos la necesidad desesperada de revisar el celular de la otra persona o ver sus fotos: nuestro cerebro está buscando esa sensación de bienestar que ya no tiene.

El estrés y la pérdida de nuestra identidad

Una ruptura llena el cuerpo de hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina. Esto provoca que perdamos el apetito, no podamos dormir o sintamos un nudo constante en el pecho.

En casos de mucha intensidad, el corazón puede debilitarse temporalmente por la fuerte descarga emocional, algo que los médicos conocen como el síndrome del corazón roto.

A nivel psicológico, también perdemos parte de quiénes somos. Al estar en pareja, nuestra identidad se mezcla con la del otro; al terminar, no solo perdemos a la persona, también nuestras rutinas, los planes que teníamos y la imagen de nosotros mismos que construimos a su lado, lo que crea una confusión interna que nos hace sentir perdidos y sin rumbo.

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Pasos prácticos para sanar (respaldados por la ciencia)

Superar un adiós no es solo cuestión de “tiempo” o de “tener ganas”, sino de ayudar a que el cuerpo y la mente se reacomoden.

Aquí tienes cinco consejos prácticos que realmente funcionan:

  • Aplica el “contacto cero”

Como se trata de una adicción, debes alejarte de lo que te hace daño. Bloquear o dejar de seguir a tu ex en redes sociales ayuda a que tu cerebro deje de buscar esa “dosis” de recuerdo y se estabilice más rápido.

  • Mueve tu cuerpo

Hacer ejercicio intenso ayuda a quemar el exceso de hormonas de estrés, que funcionan como analgésicos naturales para el dolor que sientes.

  • Pon los pies en la tierra

Haz una lista de las cosas que no funcionaban en la relación. Esto ayuda a que tu mente deje de idealizar el pasado y vea la realidad.

  • Busca a tus amigos

Pasar tiempo con gente que te quiere ayuda a producir sustancias que reducen la sensación de dolor en el cerebro.

  • Escribe lo que sientes

Poner tus sentimientos en papel ayuda a organizar el desorden mental y le da un cierre a la historia en tu cabeza.

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Nuestra capacidad de recuperarnos

El dolor que sientes es la prueba de que tienes la capacidad de conectar profundamente con los demás. Aunque ahora parezca que el mundo se acaba, nuestro cerebro tiene una capacidad increíble para adaptarse y cambiar. Sanar no se trata de olvidar lo que pasó, sino de enseñarle a tu cuerpo a sentirse seguro y tranquilo nuevamente.

Al usar estas herramientas, conviertes el sufrimiento en una oportunidad de aprendizaje. Lo que al principio parece un vacío enorme termina por convertirse en el espacio en el que construyes nuevas rutinas y una mayor fuerza personal.

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