Agua y electrolitos: por qué no siempre basta con beber agua para rehidratarse
En situaciones de enfermedad o esfuerzo físico prolongado, el organismo pierde sales minerales junto con líquidos, y reponerlas requiere formulaciones específicas que el agua sola no puede sustituir
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Por: Juan Manuel Arias Montenegro
Creativo Digital

Hablar de hidratación suele reducirse a una recomendación sencilla: beber agua; sin embargo, la evidencia médica indica que el tema es mucho más complejo.
La deshidratación ha adquirido tal relevancia que la Clasificación Internacional de Enfermedades le asigna un código propio como condición de morbilidad, un reflejo de su impacto en la salud pública.
En entrevista con Radio Tiempo, la doctora Claudia Sánchez, directora médica de Abbott, explicó por qué este tema merece atención prioritaria: "Una deshidratación severa puede llevar a una persona a un estado de choque y puede fallecer. Pero, además, aunque no sea el estado más grave, te complica todas las condiciones clínicas", señaló la especialista.
Más que líquidos: agua y sales minerales
El cuerpo humano necesita un equilibrio adecuado de agua y electrolitos para que funciones esenciales como la regulación de la temperatura, el sistema nervioso y la función muscular se desarrollen correctamente.
En la vida cotidiana, el agua es suficiente para mantener ese equilibrio, pero existen circunstancias en las que el organismo pierde no solo líquidos, sino también sales minerales, y ahí reemplazar únicamente el agua puede no ser suficiente.
"Hay condiciones muy específicas: estar enfermo con vómito y diarrea, condiciones ambientales retadoras con temperaturas y humedades altas, o procesos como la fiebre. En todos esos casos se pierde agua y electrolitos, y ahí se necesita una solución de hidratación oral", explicó la doctora Sánchez.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) coincide en este punto: durante un episodio de diarrea se pierden agua y sales minerales, y la amenaza más importante es la deshidratación, razón por la cual recomienda soluciones de rehidratación oral. Hidratarse y rehidratarse, entonces, no significan lo mismo.
Las preparaciones caseras no funcionan
Una duda frecuente es si se puede reemplazar una solución de hidratación oral con agua con sal o con bebidas azucaradas preparadas en casa. La respuesta de la especialista es contundente: no.
"El problema de la elaboración casera es que no logra el balance adecuado, porque no es solamente agua y sodio, también se necesita glucosa. Existen transportadores específicos en el intestino que toman agua, sodio y glucosa, y a través de ese paso es que el agua logra ingresar al cuerpo. Si te tomas un montón de glucosa, como ocurre con los jugos a los que se les agrega azúcar, la carga para el intestino es tan alta que no alcanza a arrastrar el agua que necesita", detalló la doctora.
En ese sentido, la Asociación Americana de Entrenadores señala que actividades físicas de más de una hora en condiciones extremas, como un concierto bajo luces intensas en ciudades que alcanzan los 37 o 38 grados centígrados, requieren soluciones de hidratación oral y no solo agua.
Señales que el cuerpo envía
La sed es la primera señal de alerta, pero el ritmo acelerado de la vida cotidiana hace que muchas personas la ignoren. La doctora Sánchez recomienda transformar la hidratación en un hábito consciente y no esperar a sentir sed.
"Me voy a tomar un vasito de agua con el desayuno, otro con la media mañana, otro con el almuerzo. También hay que mirar la orina: que sea clara y en buena cantidad. La orina oscura y escasa, la boca seca, el dolor de cabeza y la fatiga son señales de deshidratación que uno podría haber evitado", precisó.
Es importante aclarar que estos síntomas no sustituyen una evaluación médica. Ante signos como vómitos persistentes, diarrea severa, ojos hundidos, letargo o incapacidad para ingerir líquidos, es indispensable buscar atención profesional.
Un problema prevenible
Quizá el dato más contundente es que la deshidratación es prevenible y tratable cuando se aborda a tiempo; sin embargo, cuando no se atiende, compromete el desempeño físico y cognitivo incluso en personas sanas: disminuye el estado de alerta, genera fatiga y afecta la concentración.
Y en pacientes enfermos, las consecuencias son mayores: aumenta el riesgo de hospitalización, complicaciones, toxicidad por medicamentos y caídas en los adultos mayores, que pueden derivar en fracturas.
"Te cuidas los riñones, cuidas la composición de tu cuerpo, le permites al corazón que funcione mejor y tienes mejor desempeño cognitivo. Es una condición que nos complica mucho y que pudiéramos manejar desde la prevención de manera mucho más eficiente", concluyó la doctora Sánchez.
Entender lo que el cuerpo necesita en cada situación permite tomar decisiones mejor informadas. La hidratación es parte de la vida cotidiana, pero cuando hay una pérdida significativa de líquidos y sales minerales, una rehidratación adecuada puede marcar la diferencia para restaurar el equilibrio del organismo.
