El bastón blanco: una herramienta para recuperar la autonomía en los desplazamientos

Expertos del Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos señalan que el manejo de esta herramienta exige aprender a leer la información del entorno, un proceso que se adapta a las rutinas y objetivos de cada persona.

Publicado:

Juan Manuel Arias Montenegro

Por: Juan Manuel Arias Montenegro

Creativo Digital

Bastón blanco
Expertos del Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos señalan que el manejo de esta herramienta exige aprender a leer la información del entorno, un proceso que se adapta a las rutinas y objetivos de cada persona - crédito prensa

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En Colombia, 1.948.332 personas conviven con discapacidad visual, ya sea por ceguera o por baja visión, según el Censo Nacional de Población y Vivienda del DANE, por lo que para muchas de ellas, desplazarse de manera independiente constituye una condición indispensable para estudiar, trabajar y participar plenamente de la vida social.

Sin embargo, portar un bastón blanco no garantiza autonomía por sí solo. Conocer sus funciones, aprender técnicas de uso e interpretar la información que proporciona el entorno son pasos esenciales para transformarlo en una herramienta de movilidad.

En el Mes Mundial de Concientización sobre la Ceguera, el Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos (CRAC) explica cinco claves para comprender su importancia.

¿Qué hace el bastón blanco?

El bastón blanco es una herramienta de orientación y movilidad diseñada para explorar el entorno mientras la persona avanza. Su punta recoge información sobre obstáculos, bordes de andenes, escalones, desniveles y cambios de textura en el camino; también, permite identificar referencias como muros, bordillos o la transición entre pasto y pavimento.

Complementado con sonidos y otros sentidos, ayuda a construir una imagen mental del espacio y a decidir cómo continuar. Además, cumple una función de visibilidad, pues alerta a peatones y conductores acerca de la discapacidad visual de quien lo porta.

“El bastón blanco no le dice a la persona por dónde caminar; le da información para que ella decida por dónde y cómo hacerlo. Por eso hablamos de autonomía y no solo de apoyo”, explica Mauricio León, terapeuta ocupacional y experto en inclusión social del CRAC.

No es lo mismo que un bastón de apoyo

Uno de los conceptos más importantes es distinguir el bastón blanco de los bastones de apoyo. Estos últimos brindan estabilidad física, pero no permiten explorar el terreno. El bastón blanco, en cambio, es largo, liviano y está diseñado específicamente para recoger información del entorno.

También existen bastones blancos con franjas rojas, utilizados por personas con sordoceguera, y bastones verdes, adoptados por algunas personas con baja visión para simbolizar su condición.

Técnica, práctica y límites

Su manejo requiere aprender técnicas como el barrido lateral, que se coordina con el paso para revisar el camino, y el deslizamiento, que facilita seguir una pared o una superficie. También implica saber detectar escaleras, cruzar calles y abordar el transporte público.

Incluso con una buena técnica, el bastón presenta límites. Por ejemplo, no detecta obstáculos ubicados a la altura del cuerpo o de la cabeza, por lo que su uso debe complementarse con otras estrategias de orientación.

Aprendizaje adaptado a cada persona

En el CRAC, el aprendizaje del bastón blanco hace parte de los procesos de rehabilitación y de orientación y movilidad. Cada persona desarrolla habilidades según su condición visual, sus rutinas y sus objetivos, desde el manejo básico hasta el desplazamiento autónomo por la calle, el barrio o el lugar de trabajo.

La meta no es solo caminar, sino interpretar la información del entorno con seguridad: “Una persona puede tener el bastón en la mano y aun así sentirse insegura, porque no ha aprendido a interpretar lo que este le informa. Cuando practica la técnica, aprende a orientarse y gana confianza”, señala León.

Autonomía e independencia diaria

Aprender a utilizarlo adecuadamente genera independencia en actividades cotidianas y mayor confianza para participar en diferentes espacios. Esta autonomía cobra especial relevancia considerando que, entre abril y junio de 2026, la tasa global de participación laboral de las personas con discapacidad fue de 20,2 %, frente al 67,2 % de la población sin discapacidad.