La Alta Guajira: La crisis humanitaria silenciosa y la lucha contra el olvido a través de la educación
El colapso de la pesca y la agricultura tradicional mantiene bajo condiciones de pobreza extrema a las comunidades de las rancherías del departamento.
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Por: Juan Manuel Arias Montenegro
Creativo Digital

A unos 1300 kilómetros de la capital del país, en el extremo norte de Colombia, la geografía se torna implacable. En la Alta Guajira, donde el desierto se encuentra de frente con el mar Atlántico, el 95 % del territorio está compuesto por arena.
En este escenario, las estadísticas de vulnerabilidad dejan de ser simples datos para convertirse en la realidad de miles de personas: comunidades enteras habitan en condiciones de pobreza extrema, solo el 4 % de la población cuenta con acceso a agua potable y el analfabetismo supera el 60 %.
Esta crisis humanitaria e histórica se ha profundizado durante la última década debido al colapso de las dinámicas tradicionales de subsistencia, tales como la agricultura y la pesca local. Ante este panorama de desabastecimiento y aislamiento geográfico, iniciativas civiles e independientes buscan mitigar el impacto del abandono estatal en rancherías como Ishashimana y el Valle de Parashi.
El agua y la tierra se unen en el desierto
Entre las organizaciones que operan de manera directa en el territorio destaca la Fundación Dos Peces, una entidad sin ánimo de lucro integrada exclusivamente por voluntarios. Lo que inició en 2017 como una labor de entrega de alimentos liderada de forma independiente por el Sargento Viceprimero (RA) Gerson Gelves Jiménez, se transformó con el tiempo en un programa de proyección social de gran envergadura.
En alianza con la Universidad Militar Nueva Granada (Umng) hasta el año 2023, consolidaron la operación Isashii-Palaa, cuyo nombre en lengua wayuunaiki evoca la unión del agua y la tierra. A la fecha, la iniciativa acumula resultados significativos en la región:
- Más de 12.000 personas han recibido asistencia humanitaria directa en al menos 30 comunidades.
- 4.500 familias han sido beneficiadas con recursos básicos de supervivencia.
- Más de 55.600 paquetes con víveres, prendas de vestir y elementos de aseo han sido distribuidos metodológicamente.
- Más de 900 toneladas de asistencia han sido transportadas desde el interior de Colombia hacia las rancherías de difícil acceso.
Condicionar la asistencia para combatir la deserción escolar
La estrategia implementada en esta zona del país no se limita al asistencialismo temporal; busca establecer las bases para el desarrollo autónomo de la comunidad a mediano y largo plazo. Bajo la premisa de que la educación es la herramienta de transformación social más efectiva, la entrega de mercados y paquetes escolares está sujeta a un único requisito: que los menores de edad estén matriculados en el sistema educativo y asistan regularmente a las aulas.
Este condicionamiento ha permitido triplicar el número de menores escolarizados en las zonas de influencia de la fundación. Entre los hitos del proyecto destaca la graduación, en 2025, de la primera promoción de bachilleres en la Institución Etnoeducativa de Ishashimana.
Actualmente, se trabaja en el mejoramiento de la infraestructura escolar en el Valle de Parashi y en el funcionamiento del primer Aula Virtual en Ishashimana, una herramienta diseñada para conectar a los jóvenes wayuu con programas de educación superior a distancia sin que deban abandonar su entorno, sus costumbres ni su lengua nativa.

